Terroir de Tacna: qué elementos definen el carácter de sus vinos

Entender las características del terroir de Tacna en sus vinos exige mirar más allá de la variedad de uva o del nombre de una bodega.

Terroir de Tacna: qué elementos definen el carácter de sus vinos

En este territorio del sur de Perú, el carácter del vino nace de la combinación entre un clima desértico costero, una marcada diferencia térmica entre el día y la noche, suelos aluviales con abundante piedra, viñedos situados a distintas altitudes y una red de valles alimentados por aguas procedentes de los Andes.

Esa suma de factores ayuda a explicar por qué una Negra Criolla cultivada en Magollo no expresa exactamente lo mismo que otra procedente de una zona más elevada como Pachía, del mismo modo que una uva Italia puede ofrecer perfiles diferentes según el valle, la orientación de la parcela y el momento de la vendimia. Para recorrer la viticultura tacneña con criterio, conviene identificar cada pieza del paisaje y observar cómo interviene en la maduración de la uva.

Qué significa terroir en enología y por qué resulta esencial en Tacna

En enología, el terroir no equivale únicamente al suelo. El término describe la interacción entre los elementos naturales y humanos que condicionan el desarrollo de la vid y la expresión final del vino: clima, altitud, relieve, composición del terreno, disponibilidad de agua, variedades plantadas y decisiones de cultivo y elaboración.

Por eso, cuando hablamos de los factores del terroir tacneño, no estamos señalando una característica aislada, sino un sistema. La aridez del territorio sería insuficiente para explicar el resultado si no se relacionara con la oscilación térmica, con la presencia de aguas andinas o con los terrenos pedregosos de los valles. La altitud, por su parte, adquiere sentido cuando se observa junto a la radiación solar, las temperaturas nocturnas y el ritmo con el que la uva alcanza su madurez.

Tacna reúne condiciones especialmente interesantes para observar esa relación. La viticultura se concentra principalmente en los valles de los ríos Caplina, Sama y Locumba, donde las aguas procedentes de zonas andinas permiten cultivar en un entorno desértico. En la misma región encontramos parcelas de Magollo, situadas aproximadamente entre los 562 y los 600 metros sobre el nivel del mar, y viñedos de Pachía que pueden alcanzar los 1.200 metros.

La distancia entre ambos extremos no es un detalle geográfico menor. Modifica la temperatura, la ventilación, los tiempos de maduración y, con ello, la manera en que la vid equilibra azúcar, acidez, color y compuestos aromáticos.

El terroir de Tacna no se entiende como una postal del desierto, sino como una conversación entre el agua andina, la piedra, la altura y una maduración lenta.

La influencia del clima desértico en los vinos de Tacna

El clima es probablemente el primer elemento que debemos identificar al analizar la viticultura tacneña. Tacna se encuentra en un entorno desértico costero, entre la influencia del océano Pacífico y la proximidad de los Andes. Esta posición genera unas condiciones de cultivo muy distintas a las de regiones vitivinícolas con lluvias regulares o con una humedad atmosférica más constante.

La escasez de precipitaciones favorece un manejo más controlado del agua, mientras que la radiación y la sequedad del ambiente contribuyen a una menor presión de determinadas enfermedades asociadas al exceso de humedad. Esto no significa que el cultivo sea sencillo: en una zona árida, cada decisión relacionada con el riego, la conducción de la planta y el calendario de vendimia tiene un peso considerable.

La oscilación térmica y el equilibrio de la uva

Uno de los rasgos más relevantes del clima tacneño es la diferencia entre las temperaturas diurnas y nocturnas. Durante el día, la vid recibe una intensa radiación que favorece la acumulación de azúcares y la maduración de la pulpa. Por la noche, el descenso térmico ralentiza el metabolismo de la planta y ayuda a conservar la acidez natural de la uva.

Este equilibrio resulta esencial porque una maduración basada únicamente en el calor puede producir uvas con mucho azúcar y una acidez insuficiente. En cambio, cuando las noches refrescan de forma marcada, la maduración puede avanzar de manera más gradual, permitiendo que el azúcar, la acidez, el color y los precursores aromáticos se desarrollen sin que uno de estos elementos domine por completo.

En la copa, esa combinación puede traducirse en vinos con una sensación más definida, capaces de evitar tanto la pesadez de una fruta excesivamente madura como la dureza de una vendimia demasiado temprana. No todos los vinos tacneños tendrán el mismo perfil, naturalmente, porque intervienen la variedad, la altitud, la fecha de cosecha y la elaboración, pero el clima proporciona una base reconocible.

La influencia del clima en los vinos de Tacna se percibe también en la importancia de elegir el momento adecuado para vendimiar. Adelantar demasiado la recolección puede preservar acidez, pero dejar la fruta corta de madurez. Retrasarla puede aumentar la concentración y el volumen en boca, aunque con riesgo de perder frescura. En un territorio con contrastes térmicos marcados, la decisión no se limita a buscar más azúcar: consiste en encontrar un punto de equilibrio.

Un clima que no debe confundirse con uniformidad

Hablar de clima desértico no implica que todos los viñedos se comporten de la misma manera. La proximidad a un cauce, la exposición de la parcela, la altitud, la orientación de las hileras y la circulación del aire pueden crear diferencias apreciables entre zonas relativamente cercanas.

Por eso, resulta poco útil describir los vinos de Tacna con una única etiqueta sensorial. La región puede ofrecer tintos, rosados y blancos elaborados a partir de materiales muy diferentes, además de piscos y vinos dulces o de perfil más fresco. Una Negra Criolla no se comportará como una Italia, y una parcela de Magollo no tendrá necesariamente el mismo ritmo de maduración que otra ubicada en Pachía.

Cuando visites una bodega, merece la pena preguntar por el valle de procedencia, la altitud del viñedo y la fecha de vendimia. Esas tres referencias aportan más información que una descripción genérica basada únicamente en el color o en la intensidad del vino.

Suelos vitivinícolas en Tacna: piedra, arena y drenaje

Los suelos de los valles vitivinícolas tacneños son esencialmente aluviales, arenosos y pedregosos, con presencia de canto rodado y depósitos calcáreos. Se trata de terrenos formados por materiales transportados y depositados por corrientes de agua a lo largo del tiempo, una característica coherente con la importancia de los ríos y canales que atraviesan el territorio.

En la práctica, estos suelos ofrecen un drenaje eficaz. El agua no permanece estancada durante demasiado tiempo alrededor de las raíces, algo especialmente relevante en una región donde el riego debe administrarse con precisión. La vid necesita disponer de humedad, pero un exceso de agua retenida puede favorecer un crecimiento vegetativo descompensado y diluir la concentración de la uva.

Qué aporta un suelo pedregoso a la viña

Los cantos y las piedras modifican la forma en que el terreno absorbe y libera el calor. Durante el día, pueden calentarse con la radiación solar y devolver parte de esa energía a la planta cuando desciende la temperatura. No conviene convertir esta observación en una regla automática para todos los vinos, pero sí entender que la superficie del suelo influye en el microclima inmediato de la cepa.

El drenaje, además, obliga a las raíces a explorar el terreno en busca de agua cuando las capas superficiales se secan. La profundidad y el comportamiento real del sistema radicular dependen de la estructura de cada parcela y del manejo agrícola, de modo que no debemos afirmar que todas las viñas desarrollan raíces profundas por el mero hecho de crecer sobre piedra. Lo que sí puede decirse es que el suelo pedregoso condiciona la disponibilidad de agua y la respuesta de la planta frente al calor.

La presencia de componentes calcáreos añade otra variable. Los terrenos con materiales calcáreos pueden influir en la retención y el movimiento del agua, así como en la disponibilidad de determinados nutrientes. Para el visitante, esta información no se traduce automáticamente en un aroma concreto, pero ayuda a comprender por qué dos vinos elaborados con la misma uva pueden mostrar distinta estructura, tensión o persistencia.

Los suelos no son un ingrediente que se pueda degustar

Existe una tendencia a explicar el terroir como si cada mineral del suelo pasara directamente al vino con un sabor reconocible. La realidad es más compleja. El terreno influye en el drenaje, el vigor, la disponibilidad hídrica, la temperatura del entorno radicular y el ritmo de maduración; todos esos factores repercuten en la composición de la uva y, posteriormente, en la elaboración.

Por tanto, al catar un vino tacneño, no se trata de buscar literalmente la piedra o la cal en la copa. Es más útil observar si el vino presenta una estructura firme o ligera, una acidez bien integrada, un paso de boca más vertical o más amplio, y una fruta que aparece fresca, madura o especiada. Después podemos relacionar esas sensaciones con el origen del viñedo, siempre con prudencia y sin atribuir al suelo lo que quizá corresponde a la variedad o a la crianza.

Cómo leer el mapa vitivinícola

Las zonas de Magollo, Pachía, Pocollay y Calana forman parte de este mosaico de terrenos y altitudes. No deben considerarse áreas idénticas ni intercambiables. Cada una ofrece una combinación particular de relieve, temperatura, disponibilidad de agua y prácticas agrícolas.

Una forma práctica de comparar vinos de la región consiste en reunir referencias de distintas zonas y anotar algunos datos básicos:

  • Valle o localidad de procedencia: permite situar el vino dentro de la geografía vitivinícola tacneña.
  • Altitud del viñedo: ayuda a interpretar las diferencias de temperatura y ritmo de maduración.
  • Variedad utilizada: distingue entre perfiles no aromáticos, aromáticos y cepas internacionales.
  • Tipo de elaboración: informa sobre el peso de la fruta, la extracción, la crianza y el estilo buscado.
  • Momento de servicio: una temperatura demasiado alta puede exagerar el alcohol y ocultar la acidez, mientras que un exceso de frío puede cerrar los aromas.

Esta lectura no sustituye a la cata, pero evita reducir el vino a una descripción superficial.

La altitud: de Magollo a los viñedos altos de Pachía

La altitud es otro de los factores decisivos para comprender los vinos de Tacna. En Magollo, en la zona costera baja, la vid se cultiva aproximadamente entre los 562 y los 600 metros sobre el nivel del mar. En Pachía, algunos viñedos alcanzan los 1.200 metros. Esa diferencia modifica el comportamiento térmico de la planta y ofrece condiciones distintas para la maduración.

En términos generales, a mayor altitud suelen registrarse temperaturas más moderadas y noches más frescas, aunque el resultado concreto depende de la orientación, la exposición solar, el relieve y la circulación del aire. La radiación también adquiere importancia, ya que una mayor intensidad lumínica puede influir en la piel de la uva, en la concentración de color y en el desarrollo de determinados compuestos.

Qué podemos esperar de los vinos de altura en Tacna

La expresión vinos de altura en Tacna no debe utilizarse como una garantía automática de calidad ni como sinónimo de vinos más potentes. La altitud ofrece una condición de cultivo, no un resultado predeterminado. Un viñedo elevado puede producir vinos con mayor frescura y una fruta más contenida, pero también necesita una gestión adecuada de la maduración y del agua.

En una cata comparativa, los vinos procedentes de zonas más altas pueden mostrar una acidez más perceptible, una sensación de tensión y una fruta menos pesada. Sin embargo, estos rasgos pueden variar según la variedad y el año. Una uva de ciclo largo plantada en una zona elevada no madurará de la misma manera que una variedad más temprana en un terreno cálido y bajo.

Si buscas identificar el efecto de la altitud, conviene comparar botellas de estilo similar y no mezclar demasiadas variables. Lo ideal sería probar la misma variedad, con una elaboración parecida, procedente de dos zonas de distinta altura. De lo contrario, podríamos atribuir a la altitud una diferencia que en realidad procede de la crianza, del rendimiento de la parcela o de la fecha de vendimia.

En Tacna, la altitud no es una medalla en la etiqueta: es una herramienta para leer el ritmo de maduración y la frescura posible de cada viñedo.

El papel de la altitud en la planificación de una visita

La diferencia entre Magollo y Pachía también tiene consecuencias para el enoturismo. No basta con seleccionar una bodega por su carta de vinos; debemos calcular distancias, tiempos de traslado y el orden de las visitas. Las zonas vitivinícolas no ofrecen todas la misma experiencia ni se recorren con idéntica facilidad desde el centro de Tacna.

Si el objetivo es conocer el paisaje agrícola y degustar vinos de distintos perfiles, podemos organizar la jornada agrupando las bodegas por valle o por dirección de desplazamiento. Conviene reservar con antelación cuando la visita incluye recorrido por el viñedo, explicación técnica o cata dirigida, ya que la experiencia depende del horario de la bodega y de la disponibilidad del personal.

La altitud, además, puede modificar la percepción del visitante sobre el paisaje. En las zonas más bajas se aprecia con claridad la relación entre el desierto y los espacios cultivados; en los valles altos, el relieve y el cambio de temperatura adquieren mayor presencia. Ambas perspectivas ayudan a entender que la viticultura tacneña no se concentra en una única imagen de viñedo.

Negra Criolla e Italia: las cepas patrimoniales de Tacna

El terroir solo puede expresarse a través de una planta concreta. En Tacna, las dos variedades patrimoniales más representativas son la Negra Criolla y la uva Italia, cada una con una personalidad diferenciada.

La Negra Criolla, conocida también como Listán Prieto, es una variedad no aromática. Con ella se elaboran tintos y rosados, y también puede emplearse en elaboraciones de vino blanco mediante técnicas que limitan el contacto del mosto con las pieles. Su perfil no depende de una intensidad aromática marcada, sino del equilibrio entre fruta, estructura, acidez y decisiones de vinificación.

La uva Italia, identificada con el Moscatel de Alejandría, es aromática. En ella podemos encontrar una expresión más evidente de sus aromas varietales, que puede orientarse hacia perfiles florales y frutales según el grado de madurez y el estilo de elaboración. Esta diferencia resulta muy útil al visitar una bodega: permite comparar cómo el mismo territorio se manifiesta a través de dos uvas con comportamientos sensoriales distintos.

Qué observar al catar Negra Criolla

Al degustar un vino elaborado con Negra Criolla, podemos fijarnos en varios aspectos:

1. La intensidad y el tipo de fruta: una madurez más contenida puede aportar sensaciones de fruta roja fresca, mientras que una vendimia más avanzada puede aumentar el peso y la concentración.

2. La estructura tánica: la extracción y el tiempo de contacto con las pieles influyen tanto como la propia uva.

3. La acidez: contribuye a definir el recorrido del vino y a evitar que el alcohol o la fruta dominen la degustación.

4. El color y la textura: dependen de la variedad, de la madurez de la piel y del método de elaboración.

5. La evolución en copa: algunos vinos muestran su perfil con rapidez; otros necesitan tiempo para desplegarse.

No debemos esperar que todos los vinos de Negra Criolla sean ligeros, rústicos o similares. Esa simplificación ignora el viñedo de origen y el trabajo de la bodega. La misma variedad puede dar lugar a vinos jóvenes, rosados, tintos de mayor extracción o interpretaciones más delicadas.

Qué aporta la uva Italia

La uva Italia ofrece un contraste claro por su condición aromática. En una cata, sus notas varietales pueden aparecer con mayor nitidez, especialmente cuando la elaboración busca conservar la expresión primaria de la fruta y de la flor. También puede participar en vinos de perfil fresco o en propuestas donde el aroma tenga un papel central.

Su comportamiento vuelve a estar condicionado por el clima y la altitud. En un entorno cálido, el aroma puede acompañarse de una fruta madura y una sensación más amplia; en una zona con noches frescas y una vendimia bien ajustada, puede conservar mayor vivacidad. La interpretación final dependerá también de si el vino se presenta seco, semidulce, joven o con algún tipo de crianza.

Comparar Negra Criolla e Italia permite comprender una idea esencial: el terroir no elimina la identidad de la variedad. Al contrario, crea el contexto en el que cada cepa desarrolla sus posibilidades. El territorio se reconoce no porque todas las uvas sepan igual, sino porque las diferencias entre ellas aparecen moduladas por un mismo paisaje climático y agrícola.

Variedades internacionales y adaptación al territorio tacneño

Junto a las cepas patrimoniales, los viñedos de Tacna albergan variedades viníferas como Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Malbec, Syrah, Petit Verdot, Grenache, Pinot Noir, Chardonnay y Moscato de Austria. Su presencia amplía el repertorio de estilos y permite observar cómo materiales genéticos procedentes de distintas tradiciones se adaptan a las condiciones del sur peruano.

No tiene sentido valorar estas variedades únicamente según su fama internacional. Un Cabernet Sauvignon cultivado en Tacna no debe juzgarse como una copia de un vino de Burdeos, del mismo modo que un Pinot Noir de la región no tiene por qué reproducir los perfiles de Borgoña. La variedad aporta una referencia, pero el clima, el suelo, la altitud y la elaboración cambian el resultado.

En este punto, la viticultura tacneña ofrece un campo especialmente interesante para el enoturismo. Podemos probar una variedad conocida y preguntarnos qué ha cambiado al cultivarla en un entorno desértico, con suelos aluviales y diferencias térmicas marcadas. Esa comparación resulta más enriquecedora que buscar una semejanza exacta con regiones de otros países.

Cómo comparar cepas patrimoniales y variedades finas

AspectoNegra Criolla e ItaliaVariedades viníferas adaptadas
IdentidadForman parte del patrimonio vitícola localAportan perfiles reconocibles dentro de la viticultura internacional
Expresión aromáticaLa Negra Criolla es no aromática; la Italia es aromáticaDepende de la variedad y de su adaptación a la parcela
Lectura del terroirPermiten observar la relación entre tradición, clima y elaboración localFacilitan comparar cómo responde una cepa conocida en condiciones tacneñas
Estilos posiblesTintos, rosados y otras elaboraciones, además de vinos aromáticos con ItaliaTintos estructurados, vinos frescos, blancos y perfiles diversos según la uva
Clave de cataDiferenciar variedad, madurez y trabajo de bodegaNo confundir el nombre internacional con un estilo predeterminado

La coexistencia de ambos grupos también plantea una cuestión de identidad. El futuro del vino de Tacna no depende de escoger entre tradición y modernidad como si fueran opciones incompatibles. La Negra Criolla y la Italia aportan memoria agrícola y singularidad, mientras que las variedades internacionales pueden ampliar la experimentación y la oferta para el visitante.

Caplina, Sama y Locumba: el agua como hilo conductor

En un territorio desértico, el agua no es un elemento secundario. La producción vitivinícola tacneña se concentra en los valles de los ríos Caplina, Sama y Locumba, regados por aguas andinas y por canales históricos como el Uchusuma. Esta red hídrica permite que existan espacios agrícolas allí donde el paisaje general presenta una disponibilidad natural de agua muy limitada.

La relación entre río, canal y viñedo explica buena parte de la geografía productiva de Tacna. Las parcelas no se distribuyen al azar: se sitúan en zonas donde el agua puede conducirse y administrarse. El riego, por tanto, forma parte del terroir humano, es decir, de la intervención histórica que hace posible mantener la vid y decidir cuándo y cuánto recibe la planta.

El riego y la concentración de la uva

Una aportación de agua excesiva puede estimular el crecimiento vegetativo y producir una planta desequilibrada, mientras que una restricción mal gestionada puede detener la maduración o debilitar la cepa. La finalidad no consiste en someter la viña a una falta extrema de agua, sino en ajustar el suministro a las necesidades del ciclo vegetativo, al tipo de suelo y a las condiciones de cada parcela.

Los suelos pedregosos y aluviales, junto con el clima seco, hacen que la gestión hídrica tenga una importancia especial. La respuesta de la planta dependerá de la profundidad del suelo, del tamaño de los cantos, de la presencia de capas más compactas y de la forma en que se distribuya el agua. Incluso dentro de un mismo valle, dos parcelas pueden requerir estrategias diferentes.

Para el visitante, este aspecto se puede explorar preguntando en la bodega por el sistema de riego, la procedencia del agua y la forma en que se decide la fecha de vendimia. No todas las bodegas ofrecerán el mismo nivel de detalle, pero esas preguntas abren una conversación más precisa sobre el origen del vino y evitan limitar la visita a una degustación aislada.

Un paisaje agrícola construido durante siglos

La vid llegó a los territorios peruanos en el siglo XVI, y la tradición vitivinícola de Tacna se desarrolló posteriormente junto con otras actividades agrícolas y comerciales. La historia local no debe utilizarse como un simple decorado, pero sí ayuda a entender por qué los canales, los valles y las variedades patrimoniales forman un conjunto inseparable.

La creación de la Ruta del Vino y el Pisco en Tacna en 1991 contribuyó a ordenar y visibilizar esta relación entre territorio, producción y visita. Hoy, recorrer una bodega permite acercarse a una actividad que combina agricultura, transformación alimentaria, patrimonio y hospitalidad. El interés no está únicamente en la botella final, sino en identificar el paisaje que la hace posible.

Cómo interpretar el terroir de Tacna durante una cata

Una cata centrada en el terroir no consiste en adivinar de qué parcela procede el vino con los ojos cerrados. Consiste en relacionar lo que percibimos con datos concretos de origen y elaboración, manteniendo una actitud comparativa y evitando conclusiones demasiado tajantes.

Podemos seguir un orden sencillo:

1. Empezar por la variedad. Antes de atribuir un aroma o una textura al suelo, conviene saber si estamos ante Negra Criolla, Italia, Syrah, Cabernet Sauvignon, Chardonnay u otra uva.

2. Situar el viñedo. El valle, la localidad y la altitud ofrecen el marco geográfico necesario para interpretar la muestra.

3. Observar la frescura. La acidez y la sensación de tensión pueden aportar pistas sobre el ritmo de maduración, aunque también están condicionadas por la elaboración.

4. Valorar la fruta. Hay que distinguir entre fruta fresca, madura, cocida o especiada, sin convertir cada matiz en una prueba de origen.

5. Analizar la estructura. El tanino, el cuerpo, el alcohol y la persistencia indican cómo se ha desarrollado la uva y cómo se ha trabajado en bodega.

6. Comparar muestras semejantes. La comparación resulta más útil cuando se mantienen constantes la variedad y el estilo de elaboración.

7. Relacionar la copa con el paisaje. Solo después de observar el vino podemos volver al clima, al suelo, al agua y a la altitud para construir una interpretación coherente.

Este método también ayuda a disfrutar más de una ruta de bodegas. En lugar de acumular degustaciones, podemos seleccionar unas pocas muestras y tomar notas sobre la procedencia, la variedad y el estilo. El objetivo no es convertir el viaje en un examen, sino aprender a percibir las diferencias que el territorio introduce en la botella.

Un terroir con identidad propia, todavía en construcción

El terroir de Tacna reúne condiciones que le proporcionan una identidad reconocible: clima desértico costero, noches frescas, suelos aluviales y pedregosos, altitudes que van desde las zonas bajas de Magollo hasta los viñedos altos de Pachía, y una agricultura articulada alrededor de los ríos Caplina, Sama y Locumba.

Su particularidad no depende de una única variedad ni de una cifra de producción. Se encuentra en la combinación entre las cepas patrimoniales, las variedades internacionales, la gestión del agua y la capacidad de cada bodega para interpretar una geografía diversa. La Negra Criolla y la Italia ofrecen un vínculo directo con la tradición local; Cabernet Sauvignon, Syrah, Malbec, Chardonnay y otras uvas permiten explorar nuevas lecturas del mismo territorio.

Para quien visita Tacna con interés gastronómico, la mejor estrategia consiste en recorrer las bodegas con tiempo, preguntar por el origen exacto de cada vino y comparar altitudes, valles y variedades sin buscar respuestas absolutas. El carácter de los vinos tacneños no está escrito en un solo componente: se reconoce cuando aprendemos a leer, en conjunto, el desierto, la piedra, el agua andina y la maduración lenta que los une.

Preguntas frecuentes

¿Qué elementos definen el terroir en la región de Tacna?
El terroir tacneño se define por la combinación de un clima desértico costero, una gran diferencia térmica entre el día y la noche, suelos aluviales con piedra, diversas altitudes y el uso de aguas procedentes de los Andes.
¿Cómo influye la altitud en los vinos de Tacna?
La altitud modifica la temperatura, la ventilación y los tiempos de maduración de la uva. Generalmente, los viñedos situados a mayor altura pueden ofrecer vinos con una acidez más perceptible y una fruta menos pesada.
¿Qué diferencia hay entre la uva Negra Criolla y la uva Italia?
La Negra Criolla es una variedad no aromática utilizada para tintos y rosados, mientras que la uva Italia es una variedad aromática que destaca por sus perfiles florales y frutales.
¿Por qué son importantes los suelos pedregosos en los viñedos tacneños?
Estos suelos ofrecen un drenaje eficaz, evitando el estancamiento de agua, y ayudan a regular la temperatura del entorno radicular al absorber y liberar calor.
¿Qué factores se deben considerar al catar un vino de Tacna?
Es recomendable analizar la variedad de uva, el valle de procedencia, la altitud del viñedo, el tipo de elaboración y la fecha de vendimia para entender mejor el perfil del vino.