Valle Viejo de Tacna: qué es y cómo funciona su ruta

El Valle Viejo de Tacna no es un único monumento ni una excursión cerrada, sino un corredor turístico de aproximadamente 23 kilómetros que conecta los distritos de Pocollay, Calana y Pachía.

Valle Viejo de Tacna: qué es y cómo funciona su ruta

En un mismo recorrido podemos pasar de la arqueología prehispánica de Miculla a las bodegas artesanales, detenernos ante iglesias con valor patrimonial y terminar el día en las aguas termales de Calientes.

Esa variedad explica su interés, pero también puede generar cierta confusión al organizar la visita: los atractivos no están concentrados en un solo punto y la experiencia cambia bastante según el medio de transporte, el tiempo disponible y el orden de las paradas. Para entender qué es el Valle Viejo de Tacna y cómo funciona su circuito turístico, conviene plantearlo como una ruta de proximidad desde la ciudad, con varios núcleos culturales y paisajísticos que se recorren de forma combinada.

El corredor turístico del Valle Viejo: una ruta, varias paradas

El circuito se articula alrededor de la carretera que atraviesa los distritos de Pocollay, Calana y Pachía. Desde Tacna, el desplazamiento permite abandonar progresivamente el entorno urbano y reconocer un paisaje de valle en el que conviven cultivos, pequeñas bodegas, patrimonio religioso, restos arqueológicos y espacios de baño termal.

La distancia total del corredor ronda los 23 kilómetros, de modo que no hablamos de una jornada de carretera larga, sino de una excursión relativamente cercana a la ciudad. El tiempo, sin embargo, no se mide únicamente en kilómetros. Las visitas a los complejos arqueológicos, las paradas en bodegas y el acceso a Calientes hacen que un recorrido organizado dure habitualmente unas cuatro horas.

Esta es la primera clave para planificar la ruta turística del Valle Viejo de Tacna: el atractivo está en la sucesión de lugares, no en llegar cuanto antes al último punto. Si recorremos el corredor con prisas, veremos varios nombres en el programa, pero entenderemos poco de la relación entre el paisaje, la producción local y la historia de la zona.

La ruta suele incluir:

  • Pocollay, asociado al patrimonio religioso, la gastronomía local y la tradición vitivinícola artesanal.
  • Calana, uno de los distritos que forman parte del valle y del tránsito hacia las zonas de interés del corredor.
  • Pachía, donde encontramos la iglesia de San José y el acceso hacia Calientes.
  • Miculla, enclave arqueológico conocido por sus petroglifos prehispánicos.
  • Calientes, destino termal que suele funcionar como cierre relajado de la excursión.

El orden exacto de las paradas puede variar según el operador, la modalidad de transporte y la temporada. Por eso, antes de reservar una excursión, merece la pena confirmar qué incluye realmente: algunos recorridos priorizan la arqueología, otros dan más espacio a las bodegas y otros incorporan el baño termal como parte central de la jornada.

El Valle Viejo se entiende mejor como un corredor cultural y paisajístico que como una única atracción turística.

A la hora de situar la visita, también ayuda tener en cuenta la estacionalidad. Durante los meses de verano austral, entre diciembre y marzo, las temperaturas en el valle pueden ser elevadas, especialmente a mediodía, lo que condiciona el ritmo de las caminatas en Miculla y la comodidad del baño en Calientes. En invierno, entre junio y septiembre, el cielo suele estar más despejado y la luz para fotografía de paisaje es más limpia, aunque las mañanas pueden empezar frescas. La temporada de vendimia, en febrero y marzo, coincide con mayor actividad en las bodegas y puede ser una oportunidad para observar el trabajo agrícola en directo.

El eje histórico: de los petroglifos de Miculla a las tumbas de Las Peañas

Los petroglifos del Complejo Arqueológico de Miculla

El Complejo Arqueológico de Miculla es la parada más reconocible del circuito. Se encuentra entre los kilómetros 20 y 26 de la carretera Tacna-Palca, a unos 23,5 kilómetros de la ciudad de Tacna, y el trayecto en vehículo puede durar alrededor de 25 minutos en condiciones normales.

El conjunto ocupa un área protegida de 2.205,43 hectáreas, aunque la zona acondicionada para las visitas turísticas abarca 42 hectáreas. Se estima que el espacio conserva alrededor de 1.500 petroglifos, pero solo 496 están registrados y habilitados dentro del área preparada para el recorrido. La diferencia no es un detalle menor: no debemos interpretar que todos los grabados pueden visitarse directamente o que se encuentran señalizados para el público.

Los petroglifos representan una ventana a distintas fases de la ocupación prehispánica de la región. En ellos aparecen figuras humanas, animales, escenas relacionadas con la actividad cotidiana y otros motivos cuyo significado debe contemplarse dentro de un contexto arqueológico amplio, sin atribuir todo el conjunto a una sola cultura o a un único periodo.

La visita resulta más provechosa cuando observamos tres aspectos:

1. La distribución de los grabados. No se trata de una sala de museo con piezas aisladas, sino de un paisaje arqueológico en el que los soportes rocosos forman parte de la lectura del lugar.

2. La variedad de motivos. Las representaciones no responden a una única escena repetida; su diversidad permite aproximarse a distintas formas de relación con el entorno.

3. La escala del espacio. El área acondicionada exige caminar y prestar atención al terreno, por lo que conviene llevar calzado estable, protección frente al sol y agua.

Miculla no debería visitarse como una parada rápida para hacer fotografías desde el vehículo. La distancia entre los puntos, la luz intensa y la necesidad de identificar los grabados sobre la roca requieren un ritmo tranquilo. Si contamos con guía, podemos aprovechar mejor la explicación sobre las fases prehispánicas y evitar interpretaciones simplistas, especialmente aquellas que presentan todo el conjunto como obra de una única civilización.

Un detalle práctico que a menudo se pasa por alto: el área no dispone de grandes sombras naturales. Incluso en días nublados, la radiación en el desierto tacneño es intensa. Llevar sombrero, protector solar y al menos un litro de agua por persona no es una recomendación turística genérica, sino una condición razonable para completar el recorrido sin contratiempos.

También conviene entender que Miculla no se visita únicamente con la vista. El relieve, la distancia entre los grabados y la posición de las rocas obligan a caminar con atención. Acercarse demasiado para distinguir una figura puede llevarnos a salir del recorrido habilitado o a tocar superficies que deben conservarse. La fotografía tiene sentido cuando no sustituye a la observación del conjunto: un petroglifo aislado pierde parte de su significado si olvidamos el paisaje en el que fue realizado.

El Museo de Sitio Las Peañas

El Museo de Sitio Las Peañas ofrece otra puerta de entrada al patrimonio arqueológico de Tacna. Allí se exhiben materiales procedentes de 56 tumbas, entre fosas y cistas, excavadas durante las campañas de 1981 y 1982. Los enterramientos corresponden al periodo de los Desarrollos Regionales Tardíos, entre los años 1000 y 1445 d. C., y también al periodo inca.

La diferencia entre Las Peañas y Miculla ayuda a ordenar la experiencia. Miculla se visita principalmente como paisaje arqueológico al aire libre, mientras que el museo permite observar hallazgos y comprender prácticas funerarias mediante una presentación más concentrada. No compiten entre sí: una parada aporta territorio y la otra aporta contexto.

Si el tiempo es limitado, podemos priorizar según nuestros intereses:

Si te interesa sobre todo…Conviene dedicar más atención a…Qué aporta la visita
El arte rupestre y el paisajeMicullaRecorrido por el área acondicionada y observación de petroglifos en su emplazamiento
La arqueología funerariaLas PeañasInterpretación de las tumbas y de los hallazgos recuperados
Una visión amplia del patrimonioAmbos espaciosRelación entre territorio, ocupación humana y prácticas culturales
Una excursión breveEl punto incluido en el programaEvita intentar añadir paradas sin conocer las distancias y horarios

Una confusión habitual consiste en considerar que los dos lugares ofrecen el mismo tipo de visita arqueológica. No es así. Las Peañas se apoya en la exposición museística; Miculla depende mucho más de la observación directa del entorno y de la explicación de los grabados. Combinarlos en una sola mañana exige madrugar y aceptar un ritmo intenso, mientras que visitarlos por separado permite detenerse más en cada uno.

Para quien se aloja en Tacna, Las Peañas puede ser una parada más sencilla de encajar en un recorrido corto, mientras que Miculla demanda una planificación más clara por el espacio abierto y la exposición al sol. Una opción razonable es no decidir solo por la cantidad de lugares visitados. Dos paradas bien comprendidas suelen aportar más que una lista extensa de monumentos recorridos con el tiempo justo.

Patrimonio religioso y arquitectura en los distritos de Pocollay y Pachía

La ruta del Valle Viejo de Tacna no se limita a los restos prehispánicos. Parte de su valor está en los pueblos y distritos que conservan edificios, celebraciones y formas de producción vinculadas a la historia local.

En Pocollay podemos acercarnos a una tradición religiosa y vitivinícola que forma parte de la identidad del valle. La festividad de la parroquia local se celebra cada 24 de septiembre, una fecha especialmente interesante para quienes desean coincidir con una celebración comunitaria y comprender cómo el patrimonio se mantiene activo, más allá de la visita monumental. Durante esas jornadas, el pueblo concentra actividades religiosas, gastronómicas y musicales que dan una dimensión distinta al recorrido habitual.

Pocollay, además, conserva un templo vinculado a la historia republicana del departamento. Su construcción se inició en 1856 por iniciativa de Manuel Flores Calvo. La fecha de inauguración de 1870 corresponde a la iglesia de San José de Pachía, no al templo de Pocollay, por lo que conviene mantener separados ambos datos. El edificio de Pocollay forma parte del paisaje urbano del distrito y de la memoria colectiva del valle, pero no debemos atribuirle una fecha de apertura que no está confirmada para este templo.

La iglesia de San José de Pachía es otro de los puntos destacados del recorrido. Su construcción se inscribe en ese mismo proceso de renovación de templos que varias localidades tacneñas acometieron en el siglo XIX, y en 1980 recibió la declaración de Patrimonio Cultural de la Nación. La iglesia fue inaugurada en 1870. El templo conserva, además, una astilla atribuida a la cruz de Cristo, enviada desde el Vaticano, un elemento que forma parte de la tradición religiosa asociada al lugar y que sigue siendo objeto de devoción local.

Al acercarnos a una iglesia histórica de este tipo, es recomendable distinguir entre los datos documentados del edificio y las tradiciones devocionales que la comunidad ha conservado. Ambas dimensiones forman parte de la visita, pero no deben confundirse: una corresponde a la historia constructiva y patrimonial; la otra, a la memoria religiosa y al uso que el templo mantiene en el presente.

Cómo recorrer el patrimonio religioso sin convertirlo en una parada decorativa

Para que la visita a Pocollay o Pachía no se reduzca a entrar, hacer una fotografía y volver al vehículo, podemos fijarnos en varios elementos:

  • La historia constructiva, atendiendo a las fechas que sí están documentadas para cada templo y evitando trasladar datos de una iglesia a otra.
  • La relación con la comunidad, especialmente cuando la iglesia sigue vinculada a festividades y celebraciones.
  • La arquitectura y el estado de conservación, observando los materiales y las intervenciones visibles sin tocar elementos del templo.
  • El patrimonio religioso conservado en el interior, siempre respetando las normas de visita y los momentos de culto.
  • La posición del pueblo dentro del valle, porque el edificio no está aislado del paisaje ni de las actividades productivas de los alrededores.

La experiencia cambia si viajamos en fechas festivas. Durante una celebración local, el espacio puede tener una dinámica distinta a la de una visita turística convencional, con mayor presencia de vecinos y actividades religiosas. En ese caso, debemos adoptar una actitud discreta, evitar bloquear accesos y entender que el templo no funciona únicamente como atractivo turístico.

Pocollay y Pachía tampoco deben contemplarse como escenarios intercambiables. El interés de la ruta está precisamente en observar cómo cada distrito participa en la historia del corredor. Una iglesia puede funcionar como centro de culto y de reunión; una plaza, como espacio de celebración; y una bodega o un terreno de cultivo, como recordatorio de que el patrimonio del valle no está formado solo por edificios antiguos.

Tradición vitivinícola y sabores del Valle Viejo

La tradición vitivinícola es uno de los rasgos que diferencian el corredor de una ruta arqueológica convencional. En Pocollay y otros puntos del Valle Viejo podemos encontrar bodegas artesanales donde se elaboran vinos y piscos dentro de una producción de escala local.

Estas visitas suelen integrarse en los recorridos organizados, aunque los horarios exactos de apertura de las bodegas pueden variar. Por eso, si queremos acudir por nuestra cuenta, no conviene dar por hecho que encontraremos todas las puertas abiertas durante la jornada. La opción más segura es confirmar previamente la atención o elegir un circuito que incluya la parada dentro de su programación.

La degustación tiene más sentido cuando prestamos atención al proceso, no solo al resultado. Podemos identificar:

  • El tipo de bebida que se presenta y su relación con la producción local.
  • La intensidad y el equilibrio entre dulzor, acidez y sensación cálida.
  • Los aromas que aparecen antes de probar, especialmente los frutales, herbales o de fruta madura.
  • La textura y la persistencia en boca.
  • La forma en que la bodega explica su método de elaboración y su vínculo con el territorio.

No hace falta adoptar un lenguaje excesivamente técnico para disfrutar de la visita. Una buena explicación debe permitirnos reconocer diferencias entre un vino y un destilado, comprender qué significa que una producción sea artesanal y valorar el trabajo de la bodega sin convertir la degustación en una competición de conocimientos.

También debemos tener presente la logística. Si la excursión continúa hacia Miculla o Calientes, probar varias bebidas alcohólicas antes de desplazarnos puede hacer más incómodo el resto del recorrido. La degustación debe formar parte de una jornada equilibrada, sobre todo cuando todavía queda caminar, exponerse al sol o utilizar una carretera con curvas y tramos de tránsito irregular.

La bodega no es un intervalo entre dos monumentos: es una forma de leer cómo el agua, el clima y el trabajo agrícola han construido el paisaje del valle.

Una última cuestión a menudo ignorada: comprar en la propia bodega suele ser más razonable que hacerlo en un intermediario urbano, no solo por el precio, sino porque permite hablar directamente con quien elabora. Si llevamos productos en la mochila, conviene planificar su transporte antes de la siguiente parada, especialmente si aún nos queda una visita arqueológica o el baño en Calientes.

La visita a una bodega también ayuda a comprender por qué el Valle Viejo no se puede resumir en un itinerario de monumentos. Los cultivos, los caminos locales y la producción artesanal forman parte de la experiencia tanto como Miculla o una iglesia histórica. El paisaje no es un simple telón de fondo: es el resultado de una actividad agrícola que ha dado continuidad al corredor.

Calientes: el respiro termal de la excursión

Las aguas termales de Calientes suelen ocupar el último tramo de los recorridos por el Valle Viejo. Después de las paradas arqueológicas, religiosas y vitivinícolas, el espacio termal introduce un cambio de ritmo que puede resultar muy agradable, siempre que organicemos bien la jornada.

No debemos confundir la visita a Calientes con una parada breve de contemplación. Si queremos bañarnos, necesitaremos reservar tiempo para cambiarnos, guardar nuestras pertenencias y desplazarnos entre las zonas de acceso. Las tarifas y los horarios diarios pueden cambiar con relativa frecuencia, por lo que es preferible confirmarlos antes de salir y no basar todo el plan en una información antigua.

La experiencia termal requiere algunas precauciones sencillas:

1. Llevar bañador, toalla y una bolsa para la ropa húmeda. Parece obvio, pero muchas excursiones se organizan con poco tiempo y no siempre es sencillo comprar estos artículos durante el trayecto.

2. Protegerse del sol. El hecho de entrar en el agua no elimina la exposición solar; conviene mantener gorra, crema solar y agua para beber.

3. No mezclar el baño con una degustación excesiva de alcohol. Si el recorrido incluye una bodega, debemos moderar el consumo antes de entrar en las aguas termales.

4. Respetar el tiempo de permanencia y las indicaciones del recinto. Las condiciones del agua y las normas de uso pueden requerir pausas o limitar determinados comportamientos.

5. Prevenir el regreso. Si viajamos sin una excursión organizada, debemos tener claro cómo volver a Tacna y cuánto puede costar o tardar el transporte disponible.

Calientes funciona bien como final de una ruta de unas cuatro horas porque permite cerrar la visita sin añadir un desplazamiento de larga distancia. Aun así, el orden no es universal. En un día caluroso, algunas personas preferirán visitar el espacio termal al final de la tarde; otras agradecerán hacerlo antes de una comida o de un regreso más temprano. Lo importante es no convertir el baño en una obligación añadida cuando el resto del programa ya va retrasado.

Las aguas termales tampoco sustituyen a una visita médica ni deben presentarse como tratamiento para una dolencia concreta. La forma sensata de disfrutarlas es entenderlas como un espacio de descanso dentro de la excursión, respetando las normas del recinto y las propias condiciones físicas. Si alguien se encuentra mal durante la jornada, el baño puede dejar de ser una buena idea, aunque forme parte del programa contratado.

Logística y tiempos: cómo organizar tu recorrido por el corredor turístico

La excursión al Valle Viejo de Tacna puede hacerse mediante un circuito organizado, en transporte privado o combinando desplazamientos locales. Cada opción modifica la experiencia. El tour facilita la coordinación entre paradas y suele incluir una selección de atractivos; el vehículo privado aporta mayor libertad, pero obliga a confirmar accesos, horarios y aparcamiento; el transporte público puede exigir más paciencia y dejar menos margen para improvisar.

Antes de salir, conviene resolver cinco cuestiones concretas:

  • Qué lugares están incluidos y cuáles se ofrecen solo como paradas opcionales.
  • Cuánto tiempo se dedica realmente a Miculla, Las Peañas, las bodegas y Calientes.
  • Si las entradas, degustaciones o accesos termales están incluidos en el precio.
  • En qué punto termina el recorrido y cómo se organiza el regreso a Tacna.
  • Qué ocurre si una parada está cerrada o si el grupo llega fuera de horario.

El tiempo estimado de cuatro horas puede ser suficiente para una ruta panorámica con varias paradas breves, pero no siempre permite profundizar en todos los lugares. Si queremos caminar con calma por Miculla, visitar Las Peañas, participar en una degustación y bañarnos en Calientes, el programa necesitará estar bien ajustado. Añadir puntos sobre la marcha suele ser la causa más habitual de una visita apresurada.

Elegir el orden de las paradas

No existe un único orden correcto, pero sí hay órdenes más coherentes según el tipo de jornada que busquemos. Una ruta centrada en la arqueología puede comenzar por Miculla y continuar con Las Peañas antes de pasar a los distritos del valle. Otra puede reservar la mañana para Pocollay y Pachía, dejar la bodega para el tramo central y terminar en Calientes.

La secuencia importa por varias razones:

1. La temperatura condiciona el recorrido al aire libre. Miculla resulta más exigente cuando el sol está en su punto más alto.

2. Las bodegas tienen horarios propios. No siempre se pueden colocar al principio o al final sin confirmación previa.

3. El baño requiere tiempo específico. No basta con llegar a Calientes; hay que contar con el cambio de ropa, el acceso y el regreso.

4. Las iglesias pueden estar vinculadas al culto. Una visita debe adaptarse a las celebraciones y no al revés.

5. El transporte de regreso marca el límite real de la jornada. La última parada no debería dejar al viajero sin una opción clara para volver.

Si nos alojamos en un hotel de Tacna, lo práctico suele ser preguntar en recepción por las condiciones del día, no solo por una recomendación genérica de la ruta. El estado del tráfico, la disponibilidad de transporte y los horarios de los establecimientos pueden cambiar. Además, el personal local puede orientar sobre la hora de salida más conveniente, especialmente si queremos evitar las horas de mayor calor o enlazar el recorrido con otra actividad en la ciudad.

Qué llevar y qué no conviene olvidar

El equipaje para el valle viejo de Tacna circuito turístico debe ser ligero, pero no mínimo. La combinación de tramos al aire libre, visitas culturales y baño termal exige preparar varias cosas:

  • Calzado cerrado y estable para caminar por superficies irregulares.
  • Agua suficiente y protección solar.
  • Gorra o sombrero, especialmente para Miculla.
  • Una capa ligera para las primeras horas o el regreso.
  • Bañador, toalla y una bolsa para la ropa húmeda si Calientes forma parte del plan.
  • Dinero o medios de pago para gastos que no estén incluidos en la excursión.
  • Una funda o mochila adecuada para transportar compras de las bodegas.
  • Teléfono con batería suficiente, sin convertir la jornada en una sucesión de fotografías.

También debemos respetar los lugares que visitamos. En un complejo arqueológico no se tocan ni se pisan los grabados; en una iglesia se mantienen las normas del culto; en una bodega se siguen las indicaciones durante la degustación; y en las termas se respetan las zonas y los tiempos de uso. Son gestos sencillos, pero determinan que la actividad turística no deteriore aquello que pretende mostrar.

Cómo encajar el Valle Viejo en una estancia en Tacna

El corredor puede ocupar media jornada, pero su cercanía permite integrarlo en una estancia más amplia. Quien tenga poco tiempo puede escoger un recorrido breve con uno o dos ejes: arqueología y paisaje, patrimonio religioso y bodegas, o bodegas y Calientes. Quien disponga de más margen puede dedicar una jornada completa, sin la presión de encadenar todas las paradas.

La elección del alojamiento también influye en la organización. Dormir en Tacna facilita salir temprano, regresar para descansar y dejar las visitas más largas para otro momento. No hace falta cambiar de base para recorrer el Valle Viejo: la ruta está planteada precisamente como una extensión próxima de la ciudad.

Esa proximidad es una ventaja, pero puede llevar a subestimarla. El hecho de que los lugares estén cerca no significa que sean intercambiables ni que todos puedan verse deprisa. Miculla necesita atención al terreno; Las Peañas requiere tiempo para leer la exposición; las iglesias dependen de sus horarios y del uso comunitario; las bodegas funcionan con su propio ritmo; y Calientes solo cumple su papel de descanso si no se llega con el tiempo contado.

Por eso, la mejor planificación no es la que acumula más nombres, sino la que mantiene una relación razonable entre desplazamientos y tiempo de visita. Un circuito bien construido deja espacio para entender el lugar, comer sin prisa y modificar el orden si las condiciones del día lo aconsejan.

Una ruta que se disfruta por contraste

Los atractivos del Valle Viejo de Tacna tienen valor por separado, pero ganan sentido cuando se observan juntos. Miculla remite a una ocupación prehispánica que dejó sus marcas sobre la roca; Las Peañas concentra la memoria de prácticas funerarias; Pocollay y Pachía muestran la continuidad del patrimonio religioso y de la vida comunitaria; las bodegas mantienen una tradición productiva; y Calientes ofrece un final pausado en el mismo corredor.

Esa mezcla es lo que define la ruta. No es un parque temático ni una sucesión de monumentos aislados, sino un territorio cercano a Tacna donde la arqueología, la arquitectura, la agricultura y el descanso termal aparecen conectados por la carretera y por el paisaje del valle.

La recomendación final es sencilla: antes de reservar, hay que comprobar el contenido real del circuito y decidir qué tipo de experiencia buscamos. Si queremos conocer la historia, necesitaremos tiempo para Miculla y Las Peañas. Si nos interesa el patrimonio vivo, Pocollay y Pachía merecen una visita menos apresurada. Si preferimos una jornada de sabores y descanso, la bodega y Calientes pueden ocupar el centro del plan.

El Valle Viejo de Tacna funciona precisamente porque no obliga a elegir entre cultura y ocio. Lo que pide es organizar bien el recorrido, respetar los tiempos de cada lugar y aceptar que su interés no está en una sola parada, sino en la relación entre todas ellas.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el Valle Viejo de Tacna?
Es un corredor turístico de aproximadamente 23 kilómetros que conecta los distritos de Pocollay, Calana y Pachía, ofreciendo una combinación de arqueología, patrimonio religioso, bodegas artesanales y aguas termales.
¿Cuánto tiempo se necesita para recorrer el Valle Viejo?
Un recorrido organizado suele durar unas cuatro horas, aunque el tiempo total depende de la cantidad de paradas elegidas y del ritmo de la visita en cada lugar.
¿Cuál es la diferencia entre visitar Miculla y Las Peañas?
Miculla es un complejo arqueológico al aire libre donde se observan petroglifos en su entorno natural, mientras que el Museo de Sitio Las Peañas ofrece un contexto arqueológico centrado en hallazgos funerarios mediante una exposición museística.
¿Qué precauciones debo tener al visitar los petroglifos de Miculla?
Es fundamental llevar protección solar, sombrero y agua, además de caminar con precaución por el terreno, respetando los senderos habilitados y evitando tocar las rocas para preservar los grabados.
¿Es recomendable visitar las bodegas durante la ruta?
Sí, es posible visitar bodegas artesanales para conocer la producción local, pero se recomienda confirmar los horarios de atención previamente y moderar el consumo de alcohol si se planea continuar con otras actividades como el baño termal o el transporte.
¿Qué debo llevar para visitar las aguas termales de Calientes?
Es necesario llevar bañador, toalla y una bolsa para la ropa húmeda, además de considerar que el acceso y el uso de las instalaciones requieren tiempo adicional dentro de la jornada.